Un placer compartir este curso con vosotros. ¡Feliz verano!

Unas fotillos de recuerdo que han llegado a mi mail. ¡Gracias!

Lo pasamos muy bien en la despedida final. ¡Hasta gané la línea del bingo! El regalo…¡jaja! ¡Exquisito! 

Un gusto compartir risas y buenos momentos dentro y fuera del aula. ¡Que no falten tampoco este verano!

Nos vemos a la vuelta.

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Por cierto, creo que os pregunté pero, si alguien no se siente cómodo al ver las imágenes compartidas en el blog, con toda la confianza escribidme que las eliminaré. Han llegado a mi mail y me han gustado. ¡Por muchas celebraciones de fin de curso! O de lo que se tercie…

Un abrazo a todos mis alumnos y alumnas del curso 2016-2017.

 

Cosas que merecen la pena: Averly.

Mañana los que manejan los hilos deciden si un lugar magnífico y auténtico se viene abajo o se mantiene en pie.

Uno más de los lugares emblemáticos de nuestra ciudad que merece ser protegido y mimado, y que -por desgracia- es ninguneado y mancillado.

Ya cayeron otros en el pasado. No dejemos que sigan machacando lo poquito que nos queda.

Por una ciudad con historia.

¡Salvemos Averly!
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Más cosillas interesantes que llegan a mi mail.

 

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¡Qué razón tiene la viñeta! Ahora el mercado editorial está inundado de todo tipo de escritores: los que nacieron para ello y los que han visto en él una posible fuente de riqueza.

Los libros se multiplican como los panes: best sellers inundando las estanterías de las librerías, novelas juveniles que llegan a los IES pretendiendo salvar a nuestros adolescentes de todos los peligros que conlleva su edad, libros de auto ayuda vendidos como churros en día de feria, otros picantones alegrando vidas y recreando fantasías, vidas que a nadie le interesan -o desgraciadamenete a muchos en este país- se convierten en biografías o falsas autobiografías…

En fin, pensemos que todo libro implica un proceso de creación -por mínimo que sea- y de reflexión en cuanto al uso de la lengua. Quizás no todos enseñen pero muchos de ellos sí. Habrá que saber elegir y disfrutar de los que de verdad merecen la pena.

¡Gracias, Pepe, por la sugerencia! Siempre son bienvenidas.

Petición: reseñas de lectura.

Ya sé que el curso acaba y que las colaboraciones irán escaseando hasta desaparecer durante los meses de verano. Luego -deseo- resurgirán con vuestros trabajos, recomendaciones, sugerencias y mis impertinencias. Hasta entonces os pido que, si habéis disfrutado o disfrutáis este verano de alguna lectura, me mandéis una pequeña reseña para que pueda recomendarla a aquellos que siguen el blog.

Por cierto, algunos de vuestros relatos y argumentaciones han sido publicados en el Boletín “Sin edad” publicado por el CEPA este mes de junio. Os animo a leerlo y a disfrutarlo.

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Materiales Literatura (módulo III)

Para variar, el cuatrimestre se nos ha echado encima y hay cosillas que se han quedado sin ver: por ejemplo en el módulo III la parte de Literatura, que se quedó en el s XV y no hemos avanzado más (Renacimiento y Siglos de Oro, al menos).

Al año que viene arrancaréis desde el s XIX y haréis un recorrido por el XX pero -si alguien siente curiosidad, inquietud y ganas de ampliar culturilla- aquí os dejo algunos materiales:

Presentación Power Point: recorrido literario desde la Edad Media hasta el s. XVI (Renacimiento).

RECORRIDO LITERARIO

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Tema en apuntes (muy completos):

Literatura XVI (Renacimiento):literatura-renacentista. Apuntes

Literatura XVII (Barroco): LITERATURA DEL S.XVII docx

Literatura del s XVIII: LIT XVIII

FAULKNER

Una más. Hoy mi correo estaba lleno de cosillas que leer.

PREPARANDO LA CENA

La otra noche vi la tele. Era sábado y mientras preparaba la cena puse un debate nocturno. Allí salía el más joven de los aspirantes al liderazgo en el Partido Popular. Se llama Pablo Casado y se expresa con estupenda soltura. Atacó a sus rivales y esquivó cualquier pregunta incómoda. Cuando le insistieron en afear los enormes casos de corrupción que han salpicado a su partido, terminó por decir que los españoles están fatigados de hablar de esas cosas y que lo que quieren es que los medios y los políticos hablen de las cosas que les importan, como el paro, la sanidad y la educación. Fue entonces cuando habló de la educación y dijo algo chocante. Según un estudio europeo, la mayoría de los alumnos actuales desempeñarán trabajos en el futuro que hoy en día no existen. Serán nuevos oficios. Por eso, explicó, es absurdo que sigan estudiando de memoria los nombres de los ríos y los reyes godos. Cuando lo escuché me pareció un razonamiento muy atinado. Pero un segundo después, algo disparó mi capacidad de estupefacción.

Para empezar ya casi nadie estudia los reyes godos. Y en segundo lugar, si de verdad los empleos del futuro están por inventarse, lo único que merece la pena aprender es el nombre de los ríos, porque de lo que estamos seguros, si algún trasvase no lo impide, es de que el Duero, el Tajo, el Ebro y el Guadalquivir van a seguir donde están cuando nos muramos todos los que estamos ahora mismo vivos. La enseñanza aplicada a los empleos no es la base esencial de la enseñanza. He aquí un error habitual de los políticos. La enseñanza debería destinarse a formar los mecanismos de pensamiento y estudio de las personas, abrirles la capacidad de aprender, mostrarles el camino para ser personas creativas, plenas y solventes. También honestas, también articuladas, capaces de discutir con palabras, de asociar ideas, de relacionar la historia del pasado con la historia por venir y de entender que formamos parte de una humanidad que ha parido ingenios tan bellos, prácticos y eficaces que estudiarlos no es una condena sino un modo de rendirles admiración para tratar de emularlos algún día.

Yo no sé la idea que tienen de empleo para sus hijos, pero sí sé que preferiría que fueran capaces de desempeñar oficios para los que valen, en los que se sienten retados, vocacionalmente fascinados, en los que pueden ser valiosos, creativos y experimentadores hasta puntos inalcanzables hoy día. También sé que muchos de ellos tendrán que conformarse con labores mecánicas, puestos por debajo de sus ideales, empleos penosos con los que sobrevivir. Pero no quiero que estudien para ellos desde niños. Quiero que estudien para soñar, para ser libres, para aspirar a tocar con los dedos lo más grande que tenemos, ríos y geografías, pasado histórico, legado artístico, idiomas ajenos, todo aquello que es inútil para según qué líderes sociales. Ya que no sabemos qué empleos se inventarán en el futuro para paliar un paro tan desbordado como el español, formémoslos en lo esencial, valores humanísticos y conocimiento científico no aplicado a la tecnología de paso, sino a la grandeza inmortal. Y que corran un rato y estén sanos y flexibles, y que sepan algo de música y teatro y también filosofía, porque se dediquen a lo que se acaben dedicando y aunque se especialicen para desempeñar un oficio, esas disciplinas les serán providenciales. Así que apagué la tele y terminé de preparar la cena.

David Trueba, El Periódico.

¿Para qué sirve? Una de las innumerables preguntas con las que me topo en el aula: latín, sintaxis, lectura, lírica… ¿Todo tiene que tener una finalidad práctica, útil? ¿Todo ha de ser rápido y cómodo? ¡Buena respuesta, Trueba!

Gracias Patricia (una vez más) por la sugerencia.

¡Feliz semana!

 

Nueva sugerencia. Patente de corso

Se ruega no escupir al médico

XLSemanal – 11/6/2012

Centro de atención primaria, antes ambulatorio. Entre pacientes esperando turno, acompañando a una persona que necesita atención, aguardas en el vestíbulo, apoyado en la pared con un libro en las manos. Frente a ti, impreso en fotocopia, un rótulo pegado con cinta adhesiva: «El Colegio de Médicos actuará por vía penal contra toda clase de insulto o agresión hacia el personal de este Centro». Al lado, otro de las mismas características referido al Colegio de Enfermeras. Un poco más allá, un tercer cartel: «Se ruega guardar silencio». En la sala de espera hay sólo una veintena de personas, pero el guirigay es espantoso: conversaciones en voz alta, llamadas por el móvil. Parece un mercado. Abundan las protestas a grito pelado, con intención de que las oiga el personal sanitario que anda cerca, en plan estoy citada a las cinco menos cuarto y son menos cinco, qué poca vergüenza, mira qué tranquilas van las enfermeras y nosotros aquí, esperando, menuda pandilla de golfos, etcétera. Todo eso, expuesto con la zafia prosodia que manejamos los españoles en nuestras relaciones con el prójimo. Por supuesto, hay varias señoras de pie y varios fornidos varones sentados, mirando al vacío como si no las vieran.

Con quince minutos de retraso -plazo razonable, dado el trajín y la acumulación de gente-, entras en la consulta acompañando al paciente. Un médico con claros síntomas de agotamiento atiende sin levantar la cabeza mientras rellena los impresos adecuados. Y cuando a una de sus preguntas el paciente responde: «Desde las vacaciones», el doctor levanta por primera vez la cabeza, lo mira sarcástico y comenta: «Yo no tengo vacaciones». Luego procede al reconocimiento, mientras a través de la puerta cerrada llega el espantoso vocerío que continúa afuera, los gritos y las desconsideradas conversaciones en voz alta.Toca ir a urgencias. Como ahí la peña anda más perjudicada, el griterío es menor. Algo. Pero no faltan conversaciones telefónicas, voces en alto y protestas. Por la espera, por la falta de asientos, por no poder fumar, porque no hay máquina de café y refrescos. Todo cristo tiene algún agravio sanitario que exponer, directa o indirectamente, cada vez que asoma alguien del centro. Aguantando estoicas las preguntas, las protestas y los malos modos -con el pretexto de enfermedad propia o cercana, la falta de educación alcanza en lugares como éste extremos inauditos-, dos cansadas enfermeras, con una buena voluntad digna de elogio, se ocupan de todo con mucha mano izquierda, resignación y envidiable sangre fría. Llaman a un paciente. Fulano de tal. No aparece. Alguien comenta que se ha ido, cansado de esperar. No sería tanta urgencia la suya, piensas, aunque procuras no manifestarlo en este ambiente más bien hostil. El próximo paciente es una señora joven, musulmana, con pañuelo en la cabeza, acompañada por su marido, que se levanta para escoltarla. No puede venir usted, dice una enfermera. En urgencias sólo entran los pacientes. Entonces, el marido monta una bronca espantosa. Él no deja sola a su mujer allí dentro, y todos son unos racistas. Él conoce sus derechos. Sale un médico. Intenta convencerlo. El otro levanta más la voz. Racistas, insiste. Al final, claro, entra con la mujer. Entonces todos los pacientes, que habían estado callados mientras las enfermeras y el médico se enfrentaban al marido, estallan en comentarios. Podían irse a que los atendieran en su tierra, y cosas así. Un par de ellos sacan el móvil y se ponen a contar el episodio a su familia, amigos y vecinos. A gritos. Mira tú el moro. Etcétera.Sales al pasillo y vuelves a la sala de espera. Bajo los carteles que piden silencio, el vocerío es insoportable. Zumba la colmena de conversaciones en voz alta, ordinariez, descortesía y comentarios despectivos sobre el funcionamiento de la sanidad pública española. Se cae la cara de vergüenza, dicen. Y todo eso. Por un momento sientes el impulso de levantar la voz, como todos, para decir: «Tenéis una sanidad pública que no os merecéis, tontos del culo. Que no nos merecemos. Una sanidad fantástica. Gracias deberíamos dar por que esto todavía aguante. Que a saber cuánto dura. En vuestra puta vida, en la nuestra, podríamos pagarlo de nuestro bolsillo. ¿Quién os habéis creído que somos?».Es lo que te pide el cuerpo decir. Pero no lo haces, claro. En vez de eso, cierras el pico y te apoyas en la pared bajo los carteles donde se advierte a quienes insulten o golpeen a médicos y enfermeras. Luego abres el libro que traías, haciendo como que lees; mientras, en efecto, se te cae la cara de vergüenza.

Arturo Pérez Reverte, El Semanal.

Interesante lectura. Gracias Javier.

Reverte siempre pone el dedo en la llaga. Ahí queda para todos los que se quejan de nuestra Sanidad y Educación. Tan mala, tan injusta, tan poco equitativa. ¡Qué poco se preocupan nuestros doctores y profesores! Sí, es cierto. Todos hemos vivido situaciones incómodas, minutos de espera (a veces horas), falta de atención personal, momentos de rabia, a veces hasta de desesperación. Pero, de momento y por suerte, no me he encontrado pidiendo en la calle para poder costear una operación, tampoco hipotecando mi vida para hacer frente a un cáncer o vendiendo mi cuerpo para poder acceder a una educación universitaria de calidad. Defectos tiene, también algunas virtudes.