Las argumentaciones de Competencias.

A partir del texto «¿Quién ha de hacer los deberes?», de Elvira Lindo.

Vivimos un tiempo increíble en el que nuestras oportunidades profesionales son infinitas. Para ser rico y exitoso ya no es necesario nacer en una familia pudiente. Con las nuevas tecnologías, las ideas surgen y hacen crecer el dinero. ¿Sabes cómo nació Facebook? ¿Recuerdas cuando hace poco el mundo entero atrapaba Pokemons? ¿Y te has fijado de qué manera tan rápida ha aumentado el número de usuarios de la plataforma Zoom, total desconocido antes de cuarentena? Dado que se suele aceptar que el dinero y el éxito son sinónimo de felicidad, ahora los padres están mucho más preocupados por el éxito de sus hijos que nuestros padres; son conscientes de las oportunidades que les esperan en este nuevo mundo -que, por cierto, empiezan a no comprender- y desean que sus hijos las aprovechen y sean felices (y, de paso, si es posible, los mejores).

¿Pero los padres modernos saben cómo ayudar a sus hijos? Están perdidos. Para algunos, las calificaciones son lo más importante y solo ellas. Por lo tanto, están dispuestos a hacer la tarea, y no con ellos, sino por ellos. Otros intentan controlar el proceso de aprendizaje pero acaban haciendo lo mismo que los primeros.

¿Qué deberían hacer realmente mamá y papá? Enseñar a los niños a estudiar. ¿Qué significa esto? Primero: ayudarle a desarrollar la voluntad para no posponer las tareas hasta el último momento. Con la organización adecuada del tiempo libre, habrá tiempo para estudiar y jugar con amigos y cenas familiares. La disciplina es un hábito importante que ayuda a una persona a tener éxito en el logro de sus objetivos; la procrastinación, sin embargo, es la hermana de la pereza. 

Segundo: animarle a hacer la tarea rápidamente sin distracciones con la televisión, jugando con un gato y hablando sobre otros temas. Entonces el niño no tendrá tiempo para cansarse de estudiar.

Tercero: motivarle para realizar sus tareas a buen nivel; el niño debe escuchar consejos como: «Sé la mejor versión de ti mismo». Este también es un hábito importante que ayuda a nuestros hijos a competir en este mundo.

Cuarto: ayudarle a comprender que el objetivo principal de las tareas no es una calificación, sino el conocimiento. Esta formación le acompañará siempre.

Quinto: empujarle a expresar y defender libremente su propia opinión. Aunque diferentes a la mayoría, las grandes ideas y los grandes adelantos -en muchas ocasiones- han surgido en contra de lo aceptado.

Por supuesto, el ambiente en el que crece el niño es importante: «El entorno nos condiciona». Por este motivo muchos padres se trasladan, por ejemplo, del pueblo a la ciudad, eligen una escuela prestigiosa en un barrio alejado o incluso llegan a cambiar su país de residencia por el bien de sus hijos. Ser padre es una profesión difícil que implica sacrificios, renuncias, tiempo y ganas. A veces es simplemente más fácil hacer la tarea por ellos.

Oksana Zubkova. Nivel III Competencias Clave.

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Las argumentaciones de GS: «Pon tus barbas a remojar».

Pon tus barbas a remojar

  “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. Este proverbio, a mi parecer, invita a reflexionar. ¿Cómo andar por la estrecha línea entre ser precavido o estar alerta? Especialmente cuando contemplamos cómo nuestros vecinos y allegados están sucumbiendo a un desconocido  que llegó para quedarse por tiempo indefinido…

Creo que la diferencia está en el sufrimiento. La precaución, en cierta manera, te hace estar preparado a lo que pueda suceder, incluso evitarlo; el estado de alerta, sin embargo, anticipa lo negativo, creyendo que va a pasar y experimentando miedo. El ser humano, cuando anticipa, suele ser pensando en las posibles desgracias, rara vez al contrario.

Hace unos dos años, hice una escapada de fin de semana con amigos a Torla, un pequeño pueblo del Pirineo Aragonés, precioso, con olor a tranquilidad. Por él pasa el río Ara, el cual íbamos a descender haciendo rafting. Tenía unas ganas tremendas.

La noche anterior a la aventura, mientras cenábamos, un amigo leyó una noticia del día previo. Decía que un joven había fallecido en el río Gállego practicando la misma actividad que tanto tiempo llevábamos planeando. ¡No pegué ojo!

Al día siguiente, vino a buscarnos la furgoneta y nos pusimos rumbo hacia la muerte (eso se me pasaba por la cabeza). Estuve a punto de echarme para atrás, opté por no comentárselo a nadie por miedo a parecer una paranoica. 

Bien, nada más empezar el descenso, un error del monitor -por el cual se disculpó- hizo que nuestra lancha chocara contra un enorme pedrusco y salieran dos amigos volando. Se los llevaba la corriente como si estuvieran huecos por dentro. Ibón pudo agarrarse a una piedra y a Leyre la rescataron unos piragüistas, que no la adrenalina. Repasando minuto a minuto la experiencia -que mis amigos habían disfrutado a pesar de los sustos-, para mí fue un infierno, aunque con algunas pinceladas de colores.

Ellos fueron precavidos atendiendo a todas las indicaciones que nos hicieron aprender y, sobre todo, entender antes de recorrer esas aguas bravas, de cómo actuar frente a una caída o -en el peor de los casos- al vuelco de nuestra lancha. En cambio, yo, sufrí mucho por pensar que ese momento pudiera llegar. 

Las adversidades y la incertidumbre existen, están ahí. Hay que preverlas pero no por ello debemos eclipsar la realidad, el día a día, viviendo cada momento que la vida nos ofrece en alerta, teniendo la certeza absoluta y omnipresente de que nada es para siempre. Más bien, vivamos al máximo el momento, asumiendo esa misma certeza. ¡Carpe Diem!

Rocío Martínez. Acceso Grado Superior.

Las argumentaciones de Grado Superior.

Habrá  un antes y un después de la situación  que nos está tocando vivir, tanto en lo sanitario como en lo político y en la organización productiva y económica del país. 

Lo más  importante debería ser la actitud social y particular de cada uno de nosotros. En esta pandemia estamos comprobando los aciertos y los errores y, sobre todo, los comportamientos (admirables e irresponsables). Hay muchas teorías que culpan a nuestro temperamento latino (italianos españoles, sudamericanos…), argumentan que ignoramos el peligro hasta que no lo tenemos encima. 

El Gobierno  ha cometido  muchos errores ¿quién en esta situación  límite  y tan nueva no los habría  cometido? No podemos lamentarnos  de lo que se debería haber hecho y no se hizo, creo que este no es el momento de echar en cara nada, y sí de remar en la misma dirección para poder salir cuanto antes de esta situación. 

Cuando la pandemia  pase, ¡deberíamos cambiar tantas cosas! Y quizás también pedir responsabilidades a quien tuvo  en su mano la salud y el bienestar de todo un país, y por  motivos económicos  y políticos no acometió  las acciones necesarias. 

Quizás  debamos volver a una estructura económica más sencilla y no tan globalizada, que haga  que no sea necesario que estornuden en China y aquí digamos: “Jesús “ y, por supuesto, tenemos  que  aprender de nuestros errores, sin olvidarnos del dolor de los que -por desgracia- la han sufrido en primera persona. Todos hemos sido personajes en esta película,  sólo algunos protagonistas,  y un solo  antagonista: el virus. Que no se nos olvide.

Marisa López. Acceso Grado Superior.

Las argumentaciones de Grado Superior.

Nuestros MAYORES ante el COVID19

Estos días de inquietud y encierro dan mucho que pensar y en mi mente se dibuja la imagen tierna y desprotegida de nuestros mayores. Estoy hablando de nuestros abuelos y, en muchos casos, de nuestros padres, de esa generación de gigantes que forjó con lucha y sacrificio la nación que resurgió de sus propias cenizas con la Constitución del 1979: España.

Ellos están siendo las verdaderas víctimas de la pandemia. A esta servidora, que lo escribe ahora en el papel, se le parte el corazón cuando lee o escucha en algunos medios que hay profesionales y políticos que afirman que, debido a la escasez de medios, tienen preferencia los más jóvenes a la hora de  ser atendidos y salvados, frente a los más viejos, que se ven condenados a la exclusión, qué digo, al desecho, al olvido.

Un país que piensa de esa manera, con ese desprecio hacia sus mayores, carece de identidad y está abocado a su extinción.

Antes de proclamar barbaridades como esas, exijamos -como ahora exijo- que se dediquen todos los afanes y esfuerzos que sean necesarios para dotar a los profesionales de la salud y a los hospitales de todos los medios necesarios para evitar esta abominable discriminación.

Nadie debe ser sacrificado porque todos somos seres humanos; todos debemos tener acceso a los medios necesarios para salvar la vida, porque así lo garantiza nuestra Constitución.

Protegiendo la vida de nuestros mayores defendemos nuestra identidad como nación.

Marisa López. Acceso Grado Superior.

Textos del encierro.

Aquí estoy, como la mayoría, encerrada en casa y haciendo cosas muy productivas. A parte de estar desarrollando un preocupante TOC por la limpieza y rociando todo mi mundo con el flis- flis de agua con lejía, me encuentro poniéndome rulos para comprobar si la largura del pelo ya es suficiente para obtener bonitas ondas. Y, cuando termino la sesión de pelu y limpieza enfermiza, me presento frente al espejo, toda digna en pijama, a cantar rock en español (Extremoduro, Barricada…) imaginando que estoy en el Príncipe Felipe animando a miles de personas. ¡Dios mío! ¡Estoy convirtiéndome en una mezcla entre La señora Doubtfire y Marilyn Manson!

Pero, amigos, aquí todos pecamos. Os hablaré de algunos de mis vecinos:

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Las argumentaciones de Competencias III. ¡Esto no para, esto no para…! ¡Y que no paren de llegar textos a mi buzón!!!

TEXTO DE OPINIÓN A PARTIR DE LA LECTURA DEL MITO

«DAFNE Y APOLO».

La primera lectura que hice del texto me recordó a esos dibujos animados en los que una mofeta (macho) perseguía sin tregua a una gata para darle todo su amor, y me dibujó una sonrisa en la boca. A día de hoy y habiendo pasado ya muchos años, no me hace tanta gracia, ni gota, como se dice por aquí.

No conocía el origen del símbolo de la corona de laurel; ahora que lo conozco, no sé si me parece una historia bellamente contada con un mensaje no tan bello, analicémoslo.

Cupido es un “capullo” –no merece la pena perder el tiempo en encontrar otro término- no sabiendo gestionar la humillación que le suponen las mofas de Apolo, que también me parece otro “capullo”, por cómo lo describe el narrador. Finalmente los platos rotos de este enfrentamiento “testosterónico” -¿no sé si esta palabra existe?- los paga la ninfa Dafne, que estaba tan tranquila por el bosque y acaba siendo perseguida y acosada por el enamorado Apolo) si es que se puede llamar “enamorado” a su impulsivo deseo de poseer a un ser indefenso), que no se percata del rechazo que provoca en su “amada”.  Esta termina convertida en un laurel con la ayuda de su padre: la única solución que encuentra el dios del río; queda convertida desde entonces en símbolo de la victoria de su acosador.

¿Otra vez? ¿En serio? Caperucita, Europa, Perséfone, Blancanieves, … ¿Es que no podemos pasear solas? ¿Es que siempre vamos a pagar nuestras imprudencias –si es que pasear sola se puede calificar como tal- permaneciendo mudas, dormidas o convertidas en un ser inmóvil?

Al conocer el origen del simbolismo de este árbol, sin quitar la belleza que el texto tiene y sabiendo que los mitos son fantásticos, opto por no representarme victoriosa con una corona de laurel.

Jema García. Nivel III Competencías Clave.

Las argumentaciones de Competencias III.

A partir del texto argumentativo: Daniela en Picassent.

Tema: Espectáculos eróticos en centros penitenciarios.

Opinión:

Me resulta un texto desagradable pero, siendo sincera, partiendo de quien parte no podría ser de otra manera.

Me chirría -y mucho- el lenguaje que utiliza, cómo se apropia y abusa de la jerga carcelaria, como si la utilizase en su día a día. Presumo que lo hace para poder llegar a sentir una camaradería con esos «desgraciados» y me la vuelvo a jugar al decir que la cárcel no le ha desgarrado, ni siquiera atravesado mínimamente, su vida.

Me irrita que se crea con el suficiente conocimiento para proclamar cuáles son los gustos, necesidades y sentimientos de las personas privadas de libertad, aunque por supuesto cuenta con la vivencia de un amigo suyo que apoya totalmente su discurso.

Al principio del texto, nos presenta a la protagonista del suceso (aunque el verdadero protagonista siempre es él, que no se nos olvide) como “la pava” que, posteriormente, tachará de ordinaria. Esta es su simple y denigrante descripción del personaje.

A mitad del texto pasa a describirnos al segundo protagonista del suceso, un hombre al que visibiliza y ridiculiza a través de sus ex compañeras sexo-afectivas, utilizando unas metáforas de lo más burdas.

El autor no puede entender cómo se creó tanta polémica y se tachó de machista la actuación de Daniela, “la pava”, y la actuación de Rafa, “el pavo”, “currante de bisectrices” ¿Cómo no se equiparan los discursos? Pues porque no es lo mismo.

Aunque ni Rafa ni Daniela me han preguntado mi opinión, si se buscan la vida como quieren, como pueden y cobran bien por ello, pues bien bueno y todo mi respeto.

Pero este señor no puede ridiculizar la cosificación que sufrimos las mujeres, ni ridiculizar el trabajo de parte de la sociedad que lucha por combatir el machismo y, mucho menos, querer igualar situaciones que, aun pareciendo lo mismo, están muy lejos de poder ser equiparadas.

Jema García. Nivel III Competencias Clave.

Las argumentaciones de Grado Superior

Argumentación a partir del texto Ese chico, de Rosa Montero.

Este texto me ha traído a la memoria un suceso que acontecía en el piso vecino a mis abuelos cuando mi madre era pequeña. Mi abuela contaba cómo, en cuanto oía gritos en el piso de al lado, mandaba corriendo a mi madre a buscar al pequeño de los hermanos para que su padre (policía en la época de Franco) no le pegara y salvarle así de unos correazos. Desgraciadamente, solo salvaban al pequeño ya que proteger a su madre era imposible. Parece cobarde salvar únicamente a una parte de la familia pero hay que comprender que era una época diferente en la que cada uno hacía lo que podía dada la educación y los valores que habían recibido desde su más tierna niñez. Había incluso gente que simplemente no quería problemas y directamente padecía de una sordera irremediable.

El texto de Rosa Montero es muy similar a la historia que he recordado, pero -a mi parecer- no siempre se puede hacer algo. Entiendo la postura de ese chico, debiendo de resultar no muy cómoda, ya que también tuvo que sufrir viendo como un energúmeno agredía a una muchacha. Es muy fácil juzgar las situaciones sin haberlas vivido; hay que ponerse en la postura del chico, no sabemos qué le ha podido pasar en la vida, si ha sufrido una paliza o no, o simplemente si  su cerebro se paralizó ante una escena así. En las mismas circunstancias, quizás habríamos actuado de otra manera pero no lo sabemos.

Sabemos que la sociedad, en general, es violenta tanto física como verbalmente, y entiendo que -de alguna manera- nos hemos inmunizado: la vemos en series, películas, videojuegos, en la calle  y estoy segura de que más de una vez hemos pensado: “No me compete, es un problema de ellos”. En ese momento, hemos seguido caminado sin mirar atrás, porque salíamos cansados del trabajo o íbamos con amigos, hijos y simplemente decidimos pasar sin pena ni gloria de un problema que no era nuestro. Con esto no quiero decir que esté bien o mal, simplemente que no hay que juzgar a las personas en momentos límites de la vida. Actuar así no quiere decir que una persona por el hecho de salvaguardar su integridad sea “bochornosa y patética” como aludía Rosa Montero.

En muchas otras ocasiones, podemos llamar a la policía para que medien con las personas que tengan el problema o puedan ayudar a la persona que están agrediendo; esto también es una forma de ayudar. Eso sí, lo veo complicado en un espacio reducido y sin ninguna salida hasta la próxima parada. Al fin y al cabo, se trata de poder ayudar también sin salir herido.

Cristina Villasana. Acceso Grado Superior.