Los retratos de 1º ESPA: «Compañera de vida»

Compañera de vida

Ella es como un manantial. Serena y tranquila, pero cuando de estallar se trata, se convierte fácilmente en un volcán. Capaz de destruir todo lo que la rodea.

Tiene las curvas de una guitarra, y la estatura de una jirafa. Al ver su color de piel, me imagino que fue bañada en un río de chocolate. Su rostro alargado y puntiagudo me recuerda a las semillas de girasol. El brillo de sus ojos color miel tan grandes y redondos como la luna llena, aquellas ojeras y arrugas expresan el arduo trabajo de su vida. Su nariz es como la de Pinocho, pero no por decir mentiras. Sus labios son grandes y carnosos, tiene una sonrisa larga como si fuese la mitad de una sandía. Su voz gruesa y aguda suena como la de un locutor de radio. Su cabello corto y desordenado refleja la locura de una mujer guerrera y echada para adelante.

Ella es luz, amor y comprensión. Hija, hermana y madre, siempre está para quien lo necesite. Y termino contando que esta gran mujer nació el 08 de diciembre del 1983 y 16 años más tarde se convirtió en madre por primera vez y, desde el primer día que miré su rostro, supe que por siempre sería mi mejor amiga, mi confidente y mi dulce compañera de vida. 

Angie Tatiana Gómez. 1º ESPA (mañanas).

Los retratos de 1º ESPA.

RETRATO DE MI MADRE

Alguien muy importante en mi vida, mi madre. Una madre consentidora, amorosa y serena, una madre ejemplar para sus tres hijos.

Ella es morena, de pelo castaño, oscuro y largo. Sus ojos son marrones y oscuros. Con unos labios delgados como los pétalos de un bella rosa.

Tiene un carácter muy fuerte y siente mucha empatía por los demás. En pocas palabras, es muy buena, como si de un ángel se tratara.

Es paciente conmigo, me escucha, me aconseja y siempre tiene una sonrisa para mí aun en los momentos más difíciles. Es algo cabezona: le cuesta quitarse una idea que ya tiene en la mente. Es respetuosa y trabajadora. Le cuesta mucho confiar en la gente pero -una vez te conoce- es capaz de dar su corazón por ti.

Ha pasado por situaciones muy difíciles pero siempre resiste con la frente en alto.

Mi madre es una persona muy especial para mí, es mi ángel de la guarda, es el pilar de mi vida, la persona en quien más puedo confiar y la que sé que nunca me hará daño.

Catalin Marcel Otvas. 1º ESPA (mañanas)

Los retratos de primero: «Prisionera» (fusión retratorelato, jeje, mejor: «retratolato»)

PRISIONERA

¡De repente, despierto sobresaltada, sudorosa, ¡con el corazón a mil por hora! Entonces, al notar que no se me ha salido del pecho, me quedo más tranquila. Hoy es 13 de marzo y parece ser que el COVID 19 (coronavirus) definitivamente nos deja en casa; han cerrado los colegios, bares, etc. Y me siento presa sin cometer ningún delito, como un pájaro que está en la jaula y no para de darse golpes intentado volar muy lejos. ¡Ah! Por cierto, mi nombre es Ana y estoy pasando el confinamiento con mi marido (David) y mis hijas (LucÍa y Sandra) adolescentes, “TODO HORMONAS”.

La verdad es que mis ojos marrones rasgados están logrando discernir, a lo lejos en el horizonte, que a lo mejor la vida nos pone a prueba a todos para ser mas humanos y solidarios con los demás. Pienso en la pobre gente que se ha infectado del virus y su vida la tienen que ver pasar en cámara lenta, como una película de suspense de las antiguas, el miedo les tiene que correr por las venas sin freno. Soy muy compasiva y empática con las personas, soy feliz animando con risas y “buen rollo”. 

– ¡Mamá, mama! -exclama Sandra -mi hija pequeña.

– ¿Qué quieres? Estoy haciendo la cena- respondo yo.

– ¡Sal a la terraza, que son las 8 y tenemos que aplaudir!

– ¡Muy bien, apago el fuego y voy! 

Todos los días a las 8 de la tarde aplaudimos en nuestros balcones o ventanas a todos los sanitarios por ser el bálsamo que calma nuestro dolor, por transmitirnos paz en tiempos de guerra, por contar con gente maravillosa que hace lo que puede y más para encajar las piezas del puzle en su sitio. Con esta pandemia he aprendido que la libertad es un tesoro muy valioso y que ,cuando termine este encarcelamiento soñaré que brillo como estrella, que bailo en las nubes, que hablo con la luna y me despierto todo se cumple, ¡BIEN! nos podemos por fin abrazar, todo ha terminado. ¡POR FIN!

Ana Pérez Martín. 1º ESPA (mañanas)

Recuerdo: la magia de pintar con las palabras.

Gracias, Yolanda, por compartir este texto tan especial.

RECUERDO

Es la persona más importe en mi vida. Aunque no esté conmigo, solo tengo que cerrar los ojos y recordar…

Era grande y fuerte, piensa en Papá Noel vestido de calle, sin barba, y sabrás que te estoy hablando de él. De abundante pelo cano, cejas pobladas y afeitado diario pues sabe que odiamos que nos “pinche” cuando nos besa. Físicamente corpulento, en sus anchas espaldas carga todo el peso del mundo. Nunca conocí a nadie más fuerte. Sus grandes manos, callosas de tanto trabajar, podían protegerte de todo mal y, a la vez, eran capaces de darte la caricia más dulce. Cuando te abrazaba, te perdías entre sus enormes brazos, como si te encerrara una cálida manta de felicidad. Su mirada fija, limpia y clara, te sometía a tal escrutinio que era capaz de saber tus secretos mejor guardados. La sonrisa burlona, de medio lado, a la espera de que empezaras a hablar. Dominaba los silencios como un juez implacable, y claro, como dice el dicho: el que primero habla pierde. Siempre era yo quien perdía. Olía al último regalo del día del padre. Vestía la camisa que le regalamos por Reyes y se limpiaba la frente con el pañuelo del cumpleaños.  

Un cazador al que vi cuidar un sinfín de animales heridos recogidos en la calle o la carretera. Un amante de los toros que soportaba con infinita la paciencia las charlas antitaurinas que le daba mi hermana. Era un maestro de la chapuza, con cinta aislante y una navaja dejaba a Macgyver a la altura del betún. Adoraba su pueblo, su huerto y a su familia. Y nosotros le pagamos con la misma moneda.

Han pasado nueve años y, si cierro los ojos, sigo oliendo su aroma, escuchando su voz, consigo tocarle sin levantar la mano, lo siento a mi lado. Mientras pueda cerrar los ojos, nunca estaré sola. Siempre estará conmigo.

Yolanda Lagunas

Retratos con palabras: «Zapatillas de humo»

A comienzos de este curso, me propuse realizar algunas de las tareas que pretendía exigir a mis alumnos -especialmente en primero- y aquí estoy, intentando pintar con unas cuantas palabras lo que represento en este mundo. Y es que así soy, exigente, conmigo misma y con los demás. Será que creo que, con esfuerzo y dando lo mejor de uno mismo, los frutos resultan más sabrosos.

Me tomo la vida en serio, a veces demasiado. Por momentos, también me llego a evadir del mundo y vuelo olvidando que existen espinas que duelen, gozando de cada segundo y exprimiendo la vida al máximo. En pocas palabras, siguiendo como lema mi querido Carpe diem. Otras veces, la tristeza se apodera de mis entrañas y me encierro en el universo del miedo, la inseguridad y la frustración. En fin, prefiero los raticos buenos, y los busco con empeño firme.

Lo que hay por fuera ya lo ves: morena, de cabello, ojos y piel. Cuando luce el sol del verano, gitanilla que adora andar, corretear y bailar a pies descalzos; y pecosa, contar las pecas de mi rostro te costaría más que sumar las estrellas que brillan en el firmamento.

«Zapatillas de humo» me apodaron tras una noche infinita. Me reí en su momento, me encantó de hecho. Y no pienso quitármelas hasta que muera, o hasta que ya no sea dueña de ellas. Las uso para descubrir rincones del mundo y para trotar hasta que los poros de mi piel se quedan mudos.

Mis primaveras… Ya van unas cuantas, ¡qué importa! Más de las que me gustaría pero tampoco las borraría pues todo lo bailado hasta ahora se ha quedado grabado en mi memoria. Cada risa, cada lamento, cada día eterno y cada noche sin aliento. Cada momento.

Amo y soy amada. Me rodea un universo de soles que ilumina mi destino. Me gusta creer que yo el suyo y que la luz que compartimos mantendrá su energía hasta el día que partamos habiendo cumplido lo que una vez soñamos.

Anita Dinamita.

Retratos con palabras: «Mi compañero de vida».

Mi compañero de vida.
Ya siete años que estamos juntos… De verdad, no me lo puedo creer, parece que fue ayer cuando nos conocimos. Mi mejor amigo, mi apoyo, mi corazón, mi amor. El que siempre me ayuda a creer en mí misma y que hace luminosos los días más oscuros de mi vida. 

No se parece a un príncipe azul ni a una estrella de Hollywood. Es de mediana estatura, delgado, con la frente amplia, las cejas gruesas y el pelo oscuro. Sus ojos verdes aceitunados, un poco rasgados, como un recordatorio de su origen oriental (sus antepasados fueron los tártaros), esconden el universo interior que yo descubro día tras día.

Por un lado, es el hombre de casi 40 años, serio y trabajador, que tuvo que dejar todo en su país y empezar la vida desde cero, que está luchando cada día por tener todo lo necesario para su familia. Por otro lado, es un soñador y siempre anda en su mundo de naves espaciales, viajes en el tiempo, futuros avances tecnológicos y aventuras.

En su interior se encuentra el niño al que le encantan las patatas fritas, la Coca-Cola, las gominolas y que huele a chocolate. Es capaz de llegar a aprender cualquier cosa si realmente le apasiona y, si no, se aburre (claro, como suelen hacer los niños). Por eso sus intereses son amplios y a veces contradictorios. Además de dedicarse a la carpintería, su segunda profesión es cocinero y durante varios años trabajó en restaurantes. En la cocina le gusta experimentar haciendo los platos de Rusia, Georgia, España, Italia, China, etc. Estos experimentos desaparecen enseguida y tienen mucho éxito cuando invitamos a nuestros amigos a comer a casa.

Por supuesto, no es una persona ideal, es bastante despistado y provoca situaciones tanto graciosas como conflictivas. Pero el compañero de vida no tiene por qué ser ideal. Es mi tesoro, me motiva a crecer, a seguir adelante pase lo que pase y no le cambiaría por nadie en el mundo.
Ekaterina Maksimova (FB Pastelería).

¡Gracias por compartirlo con todos nosotros!

Gran trabajo.

Los retratos de Competencias III

Un nuevo retrato de una de mis alumnas de Competencias. Un nuevo ejemplo para aquellos que se animen con esta tarea, especialmente mis alumnos de 1º ESO, que deben escribir su propio retrato (o el de un ser querido).

 La joven

Ojos, ojos azules, ojos que te cautivan, ojos escondidos en una cara ingenua que te inspira confianza.
Miro a esa joven que me da la espalda con la cabeza semi inclinada, me sigue con su mirada. Entonces me paro delante y la observo. Veo un aspecto caracterizado por un linaje nórdico contrastado por unos labios rojos semi abiertos como fuera decirme “sígueme”, dándome la ilusión de que realmente está allí.
La hermosa muchacha lleva un turbante de color azul, que cae encima de su chaqueta bordada, color amarillo, por la que asoma un cuello blanco.
Una perla como la luna llena, que resplandece en la oscuridad.

Daria Agostino

Pintamos con palabras: los retratos de Competencias

SIMPATÍA A PRIMERA VISTA

Fue simpatía a primera vista. Un hombre de mediana edad me miró con una cara amable y abierta, aunque con una mirada un poco cansada. Una nariz grande y ridícula lucía en su cara roja y bronceada, probablemente había sido objeto de burla en tiempos pasados. Su boca se había congelado a mitad de la oración hace muchos, muchos años. ¡Pero era una persona viva! Y me miró desde la pared del Museo del Prado en Madrid. No pude apartar mis ojos.

El retrato de Carlos Tercero, que había sido pintado por el gran Goya, me cautivó. El autor, en ese momento joven, deseaba apasionadamente conseguir un trabajo como pintor de la corte. Y ahí estaba la orden de bienvenida: el rey saliendo de caza.

¿Qué vemos? El paisaje, que sirve de fondo, se pinta descuidadamente para que toda la atención se centre en la figura central. El traje formal, amarillo como el oro, con una banda azul ancha, se ve extraño en el cuerpo de esa persona. No muestra el orgullo o la soberbia inherente a las personas de su nivel. Agachado, curvado como las piernas de un jinete, se apoya en su arma como un bastón.

Un perro, acurrucado a sus pies, reposa confiado y a la vez cansado de esperar a que el artista termine su boceto. El propio Carlos está impaciente, su boca está medio abierta, parece decirle a Goya: “Bueno, me voy, mi negocio me está esperando”. ¿O quiere decirnos algo importante a nosotros?

Oksana Zubkova. Nivel III Competencias Clave.

Fuente: Wikipedia.